A palabras hirientes: Diálogo.

Actualizado: 31 de ene de 2021


Foto: Zuzana

“Que gorda estas”, “Mira que eres torpe”, “esa ropa te queda fatal”…


¿Os suenan estas frases?

Es increíble lo inoportunos que pueden llegar a ser algunos de los comentarios de nuestros progenitores. Lo peor de todo es que sin darse cuenta muchos lo llevan haciendo toda la vida.

Al parecer, decir palabras hirientes a los hijos es un comportamiento más habitual de lo que solemos pensar. Pero ¿a qué se debe este comportamiento?

La respuesta fácil, y la más obvia: somos resultado de nuestro aprendizaje. Solemos hacer lo que nos enseñaron, solemos repetir patrones de aprendizaje de nuestros progenitores. Eso no quiere decir que no tiene solución.


A los que ya son padres de familia ¿No os ha pasado que un día os encontráis reprendiendo a vuestro hijo o hija y de repente os descubrís diciéndoles frases literales que solían deciros vuestros progenitores? Y al segundo de expresarlas os decís: “ostras, soy mi madre/padre!” A eso me refiero con el “somos resultado de nuestro aprendizaje”.

¿Eso quiere decir que hay que justificar su comportamiento?

Pues no...es más, el hecho de ser los progenitores no nos da licencia para opinar o hacer juicios sobre la vida de nuestros hijos e hijas. Lo idóneo sería que nos mordiéramos la lengua cuando nos viene el impulso de opinar o comentar sobre la vida de los demás (aspecto físico, forma de ser o de llevar su vida…), pero desafortunadamente no siempre es así.

¿Cuál sería la solución oportuna con este tipo de personas? ¿Marcamos distancia con ellos? ¿Nos alejamos de ellos?

Es tentador mandar todo a ser puñetas y alejarnos de las personas que nos hacen sentir mal. Pero, ¿hasta qué punto nos compensan esas conductas de huida o escape?

Es de esperar que este tipo de comportamiento por parte de nuestros progenitores nos genere mucha rabia e indignación, y por qué no decirlo: tristeza. Pero aislándonos de ellos o huyendo no solucionamos nada porque no nos estamos enfrentando al problema, sino que lo agrava.

Entonces ¿Qué hacemos?

Dialogar, dialogar y dialogar.

Lo ideal en estos casos es hacerles ver lo mal que nos hacen sentir sus comentarios, para evitar que estos se vuelvan a repetir. Digo lo ideal porque no siempre resulta fácil expresar nuestras emociones. Pero hay que hacerlo.

Es muy importante hacerles ver de cómo nos hacen sentir esos comentarios, da igual el medio que sea: cara a cara, llamada telefónica, vía WhatsApp, etc., lo importante no es el medio, sino el mensaje.

Aquí lo importante es no perder de vista que todos y todas somos fruto de nuestra historia de aprendizaje. Lo cual no quiere decir que no haya lugar a modificaciones. Mediante el diálogo se llega a la reflexión.


¿No os habéis puesto a pensar que quizá ellos nunca se habían detenido a recapacitar en lo contraproducente que podían llegar a ser sus palabras?

En resumen:

No siempre alejarnos o tomar distancia es la mejor solución.

No olvidemos que la comunicación es la base de toda buena relación.