A propósito de los propósitos de Año Nuevo.

Actualizado: 31 de ene de 2021

“voy a dejar de fumar”, “me voy a poner a dieta”, “este año voy a hacer deporte”, “me voy aponer con el inglés”, “voy a gastar menos”…



Que levante la mano quien no haya pronunciado estas frases alguna vez en su vida. Yo misma me he propuesto a hacer más deporte, por ejemplo, pero no siempre lo he conseguido.


¿Hasta qué punto funcionan los propósitos de año nuevo? ¿Por qué los hacemos? Son algunas preguntas que se han abordado esta semana en el programa que dirige Olga Ayuso: “Las perras de Pavlov”. En este espacio de psicología, cada semana Olga entrevista a distintos profesionales de la Psicología que hablan de temas muy interesantes, pero siempre desde la evidencia científica y el rigor que merecen nuestra profesión (enlace del canal al final del post).


Empecemos por conocer la definición de tan recurrido término:

Según la la RAE, un propósito es el “Ánimo o intención de hacer o de no hacer algo o un objetivo que se pretende conseguir”. Pero ¿es suficiente, el ánimo y la intención para llegar a conseguir ese “pretendido” objetivo? la respuesta a esa pregunta es, no. Veamos porqué.


Si bien es cierto, los propósitos forman parte de nuestra vida, pues tienen un componente social e individual. Sin embargo, no a todo el mundo se le da bien llevarlos a termino puesto que estos involucran un aprendizaje que requiere de mucho esfuerzo y disciplina, entre otras cosas. Un “buen hábito” no se adquiere de la noche a la mañana. Son muchos los factores que debemos de tener en cuenta a la hora de trazar nuestros propósitos y metas para no morir en el intento.


¿Por qué solemos fracasar en la realización de nuestros propósitos?

El problema surge generalmente cuando nos ponemos propósitos súper exigentes y poco realistas. Es decir, procuramos llevar a cabo cambios de hábitos drásticos sin antes haber hecho un análisis de qué tan realista son estos según nuestro contexto, o lo decimos vagamente, sin fecha de inicio y ni de caducidad. También, el no darnos reforzamiento positivo (premio) cuando lo conseguimos, o penalizarnos cuando no lo conseguimos, entre otras cosas.


En la entrevista nuestra compañera Carolina Trujillo sugiere que antes de poner en marcha nuestros propósitos conviene que nos hagamos esta pregunta: "¿A qué responde realmente ese propósito?" Por poner un ejemplo: Supongamos que queremos perder, peso, deberíamos hacernos estas preguntas: ¿Por qué quiero perder peso? ¿Por qué mi amiga o vecina lo está haciendo y luce estupenda o por decisión personal?, entre otras preguntas.


Entonces, ¿Cómo hacemos para cumplir ese o esos propósitos?

Revisar nuestro contexto y hacernos las siguientes preguntas: ¿Tengo un trabajo que te lo va a permitir? ¿De cuánto tiempo dispongo para ello? ¿Cuento con los medios adecuados para llevarlo a cabo?


Analizar nuestros patrones de conducta. Y preguntarnos: ¿Cómo funciono yo?

Operativizar. Hay que poner el cómo, cuándo dónde, por qué, con quién, cuántas veces a la semana, etc.


Siempre hay que ir de e menos a más, no al revés.


Es muy importante tener en cuenta que:

Esos propósitos irán en función a nuestros propios valores e interés, no a los de los demás.

Es preferible modificar o posponer esos propósitos para cuando contemos con los recursos (personales y materiales) que esforzarnos a mantenerlos por cabezonería. Por ejemplo, este año está siendo un poco difícil para muchos de nosotros debido a la pandemia. Son muchas las personas que se han visto afectadas llevándose por delante sus planes y proyectos vitales.


Tener claro que no se trata de proceso fácil o fantástico como nos lo pintan en la tele o el o la influencer de turno. Hay que currar mucho para incorporar esos nuevos hábitos a nuestra rutina y poder disfrutar de los resultados.


Los imprevistos forman parte de la vida por lo que debemos de ser flexibles y prepararnos para el cambio o las posibles modificaciones de estas.


Antes de empezar un propósito hay que prevenir las recaídas, hay que anticipar. Ser flexibles.

Adelantarnos a las consecuencias aversivas (al desgano, pereza) para no caer en la trampa de la inercia.


Siempre que podamos meter algún reforzador antes durante y después de la actividad es un plus muy importante.


En palabras de nuestra compañera Carolina Trujillo: “hay que separar hacerse el propósito de querer cambiar realmente-porque hacerlos es distinto a que no vaya una conducta emparejada a ello”